No sé porqué desaparecí mucho tiempo, también con mi familia... No soy de mostrar mis sentimientos, lamentablemente. Antes de la pandemia era mucho de mostrarlos y usarlos a mi favor; lo estoy cambiando, pero cada vez que recuerdo el miedo me tira para atrás, y la idea es perdonar mi pasado, pero cuesta.
Qué loco, no. Cómo puede uno convivir con el tiempo. Y dicen que el tiempo es poco, pero todos los días tengo casi más de 24 horas para mí, sí, solo para mí: 24 horas, 1440 minutos y 86400 segundos.
Al principio pensé estar solo, mi corazón se sintió solo. Luego entendí algo viendo una serie de esas que te ponen la piel de gallina, que logran que el mensaje te llegue; yo siempre tan vulnerable ante el tacto de un video, de una foto, y de esas cosas que no nos pueden tocar, pero que aun así nos chocan.
Al pasado hay que perdonar, no a uno mismo, ni la dirección que uno quiso tomar. Quizás pasa que muchas veces nos quedamos encerrados en la idea de lo que fue o lo que pudo haber sido, y nos condenamos a la misma miseria que necesitamos para poder estar bien. Pero si ya pasé la tormenta, ¿por qué buscar el huracán?
Quizás por la falta de amor propio, quizás una necesidad, o quizás no fue nada y simplemente lo estoy agrandando. ¿Pero qué es lo importante frente a todo esto? ¿Mi familia? ¿Mis amigos y amigas con los que no me atrevo a hablar? ¿O el hecho de que rindo mañana y, en vez de estar estudiando, estoy escribiendo este artículo que no sé quién lo leerá, pero lo imagino...?
Son pocas las personas que se preocupan por mí, o quizás me equivoco, a lo mejor son muchas. Pero son pocas las personas que me siguen la corriente cuando habla mi corazón y callan mis demonios, y eso no es para nada desesperante; solo produce un silencio que atormenta y me deja ahí, solo, buscando esta misma tranquilidad.
Nietzsche decía que la vida es ruido, y que el ruido es demasiada vida chocando contra sí misma. Y si yo me siento tranquilo en el silencio, ¿qué pasa? ¿No estoy viviendo? ¿Me estoy perdiendo de algo? O simplemente el silencio es este arrepentimiento bruto en el que me meto, cuestionando a filósofos del pasado.
Lo termino acá porque tengo que ir a estudiar o mis padres me liquidan.
Recién se lo leí a mi mamá, y lejos de liquidarme, se puso contenta con los ojos llorosos. Ella lo debe sufrir más que nadie, me imagino; ver a un hijo perdido en un camino iluminado no se debe sentir bien, o quizás está contenta porque entiende que hay que perderse para encontrarse a uno mismo.
O quizás está preocupada pensando que al crudo es un adiós, y que esa lectura fue una despedida, pero no sé si sabe la valentía que tengo para seguir parado cuando me tiembla el corazón.
La primera vez que me pasó, estaba en una fiesta con amigos que no eran amigos, pero que compartíamos los mismos significados, las mismas tradiciones, hablando mal y pronto, así me refiero al hecho de estar de fiesta y emborracharse hasta la madrugada.
Y en medio de una ronda lo sentí, desde el esternón hasta el ombligo, un hormigueo tan intenso que me debo esforzar para no moverme, para que no se enteren, ni vos, ni él, ni ella, para que no sepa nadie que soy humano y que en lo perfecto de nuestra creación aun así encontramos imperfecciones. Pero yo, que tan poca importancia que le daba a lo que opine el resto, ¿pero esto? Esto fue mi salud, macho, no lo tomé a la ligera.
¿Será que me habla el cuerpo? ¿Será la famosa ansiedad? ¿Pánico? ¿Pero por qué pánico? Si soy fuerte, mejor no digo nada y pongo mi mejor cara, me dije a mí mismo en aquel entonces.
Esta vez el libro es hablando de mí, de mi corazón y la guerra silenciosa en la que se vio implicado por no poder gritarle al mundo lo mucho que lo quiere y lo mucho que quiere que lo conozcan. ¿Será que todos los corazones son iguales? ¿O peor... será que no lo son?
Qué turbio pensarlo, o sea, hay gente que quiere de forma intensa, como por ejemplo yo, que sin pensarlo dos veces ya estoy ahogado en el mar de desilusiones que te propone la persona que necesita un beso, un abrazo, un consuelo. ¿Y si todos quieren igual? ¿Y si a todos les pasa esto de que el corazón les tiemble, pero que cada uno lo percibe de forma distinta? O quizás es el mío único, que nací con un agujero en el corazón que se curó porque mi mamá le juró a la Virgen dejar el chocolate si se me cerraba, y dicho y hecho, nunca la vi comer chocolate.
No sé si sus corazones son tan nobles como el mío, que lejos de ir con maldad por la vida, solo va aprendiendo cómo funciona el mundo... Cuántas desilusiones, somos unos alienígenas en búsqueda de dinero cuando en realidad, ¿quién nació para levantarse, trabajar, estudiar?
Si en ese viaje estamos todos y todas, aprendiendo, conociendo gente nueva, encontrando rostros distintos en personalidades similares a fin de sentirnos jóvenes de nuevo. Y ahí encontré este pulso latente que me impulsó a escribir otro párrafo.
Tengo una teoría, y es que las mentes son como planetas, hay miles de millones de personas, de cabezas, de mundos inimaginables, tanto dentro de la Tierra como fuera, o como diría mi gran amigo Aristóteles, dentro del supralunar. Y que las personalidades que nos rodean están en nuestras vidas por mera gravedad, eso es lo que nos une; hay personas destinadas a orbitar en nuestra vida y luego seguir su curso, es lindo verlo así, es una mirada más nueva que la de "la gente que encontramos en el camino" y bla, bla, bla.
Vamos a lo importante, ¿mi corazón me habla? ¿Tengo que ir con un doctor? ¿Tengo que dejar que se preocupen por mí? Yo creo que no, si yo no estoy preocupado, solo tengo miedo. Miedo de que alguien se dé cuenta de que mi corazón me habla y me dice: "esto se te está yendo de las manos". Miedo de no poder explicar qué es esto, miedo de darle miedo a una persona que provoque un ruido en mi corazón. Sí, lo importante, cuando uno quiere a alguien, es no hacerle daño.
Y tocando el tema, perdón. A vos que llegaste hasta acá y me leíste, perdón por haberte hecho daño, porque estoy seguro de que, si estás leyendo esto, alguna vez te dañé, de forma inconsciente por supuesto. No me voy a vender como el héroe que hace daño para no hacer un daño mayor, me voy a mostrar como lo que soy, como el cobarde que escapa para no estar en la guerra, porque el soldado que escapa sirve para la siguiente, y para la siguiente... y para la siguiente...
Únicamente quiero aclarar lo siguiente, el mundo está lleno de cualidades y hay que prestarles atención, no solo perdernos en lo maravilloso de lo que inventamos, de las construcciones sociales, sino también en lo maravilloso de nuestra mente, cómo algo tan simple puede generar tanto ruido dentro de uno.
En cuanto a los gritos de mi corazón, los médicos no han sabido traducirlo, ya que en ninguna visita mi corazón dio señales de que entiende lo que está pasando, será que se hace de piedra cuando siente el frío del estetoscopio.
"No me pasa nada", dicen los médicos, perdón si dejé que te preocuparas unas páginas de más, pero lo importante acá es esa idea que envuelve al capítulo: ¿qué significa el silencio? ¿Puedo juzgarme a mí mismo por haberme alejado, distanciado? Si al fin y al cabo solo soy y fui un niño buscando un amigo con quien compartir un poco de risas, enamorado de la amistad, una zona segura en donde mi corazón no haga ruido de más, en donde las risas, atrevimientos, desafíos los propongan las circunstancias y no solo las decisiones, si al fin y al cabo somos seres sociales que buscan el diálogo constante.
Hace casi 7 días que estoy sin celular, recuerdo la última vez que estuve así de incomunicado, que lejos de estar preocupado, estoy feliz, porque no estoy en el scroll de las redes todo el tiempo, quizás sea por eso que me estoy permitiendo escribir. Pero, dios mío, hoy me dije a mí mismo: la puta madre, ¿qué me estaré perdiendo? ¿Ver las historias que suben mis amigos/conocidos en su restaurante favorito o con su grupo de amigos? ¿A qué clase de mundo pertenezco que esas reuniones a las que no me invitaron me importan?
Nunca me interesó formar un grupo, o quizás sí, pero en el fondo sabía que me chupaba un huevo, ojo eh, no me malinterpreten, adoro el fenómeno social de globalizar la forma de pensar de un líder, pero prefiero ir por la mía, así por lo menos las decisiones las tomo yo. Adoro cruzarme con grupos de amigos e intentar entenderlos, sus dinámicas, tradiciones, me siento como un antropólogo en búsqueda de la famosa Alteridad (concepto de E. Krotz), pero prefiero descotidianizar esa costumbre de buscarle el pelo al huevo.
Intento ser más firme a la hora de decir lo que me pasa. Así deberíamos ser todos, creo yo, poder mirarnos a los ojos como los salvajes que somos, sin miedo a que el otro nos mire, y dejar que lo único que nos une en esos momentos de tensión nos una: el tiempo.